M.Martínez
Gómez, J.C. Martínez Bernal, M.A. López Casado
H.
Materno Infantil. Granada.
Se
considera a la fibrosis quística (FQ) como la enfermedad hereditaria más
frecuente en la raza blanca. Su prevalencia, alcanza entre el 1/2000 al 1/4000
de los recién nacidos vivos, y desde el descubrimiento del gen ¨regulador de la
conductancia transmembrana FQ¨ (CFTR), más de 700 mutaciones definen la
variabilidad de la enfermedad.
En
1998 se llega al Consenso (1) que establece la asociación de rasgos fenotípicos
de FQ, historia familiar o screening neonatal positivo, con parámetros
objetivos como elevación del cloro en sudor, alteraciones en el transporte
iónico a través del epitelio nasal y la identificación de dos mutaciones
causantes de la enfermedad.
Existen
kits comerciales que permiten análisis simultáneo de hasta 31 mutaciones (2) ,
con una cobertura de hasta el 76% de los cromosomas; no obstante al avance en
el estudio, la correlación genotipo-fenotipo es difícil de establecer puesto
que las variaciones en el genotipo FQ, no explican definitivamente la
variabilidad de manifestaciones fenotípicas. Se piensa incluso, que al igual
que otras enfermedades genéticas, la fibrosis quística es posible que presente
también heterogeneidad genética (3).
Desde
el análisis genético de la enfermedad, se estudia la relación del CFTR con el
desarrollo y la evolución del asma. Es cierto que un elevado número de
pacientes con fibrosis quística, presentan hiperreactividad bronquial inespecífica
con manifestaciones de broncoespasmo, tos irritativa, asma inducido por
ejercicio, etc, habiéndose confirmado que aproximadamente el 40% de niños
menores de 18 años con fibrosis quística, tienen una respuesta broncodilatadora
positiva, acentuándose esta con la edad del paciente (4, 5).
Es
posible que estas manifestaciones no sean únicamente respuesta a las lesiones
histológicas del árbol bronquial, sino que además parece existir una
correlación genética entre ambas patologías. Hay autores que demuestran la
hipótesis de una mayor predisposición al asma en ciertas mutaciones de la FQ
(6,7), mientras que otros intentan
medir esa biorreactividad por el descenso de metabolitos intermedios en las
vías bajas de los pacientes afectos de FQ (8).
La
mayor longevidad de los pacientes de fibrosis quística hace que conceptos como
la fertilidad y el embarazo, sean considerados muy importantes dentro del
proceso general. El hombre , afectado de azoospermia obstructiva, tiene en las
técnicas de microcirugía , así como en la fertilización in vitro, una posible
respuesta que cuestiona el antiguo concepto de esterilidad (9,10). En la mujer,
las limitaciones de la fertilidad, están muy relacionadas con su condición
física y estado nutricional, recomendándose para afrontar la posibilidad de un
embarazo, el mantener una capacidad pulmonar superior al 70-75%, aceptable
condición física y peso adecuado, así como buen apoyo social y emocional, y un
adecuado control médico de embarazo de alto riesgo (11).
Se
ha publicado un estudio preliminar (12), que sugiere el uso beneficioso de
macrólidos en la fibrosis quística. La experiencia del uso de macrólidos en la
panbronquiolitis difusa, hace que por la similitud de síntomas respiratorios
entre ambas patologías, deban considerarse los efectos beneficiosos de estos
antibióticos a medio y largo plazo en los pacientes con fibrosis quística (13).
1
Su
actuación viene definida por lo que se denomina efecto “antibiofilm” (14),
inhibiendo la motilidad de Pseudomonae aeruginosa, Proteus mirabilis y
Burkolderia cepacia, al producir pérdida de flagelos en dichos patógenos, lo
que facilitaría una actividad sinérgica con otros antibióticos de uso más
extendido en la fibrosis quística.
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